Campesinas

La mujer en el campo de la zona central tuvo mejor remuneración y una mayor participación en las labores de la hacienda moderna que los hombres, aunque con menor acceso a la propiedad ya que no era cabeza de familia de la hacienda, este rol quedó asignado principalmente al hombre, ya que el núcleo familiar “aportaba” a las mujeres en la mayoría de los casos en labores de cocina y ordeña. “En el caso de las ordeñadoras, la forma de remuneración dominante era a destajo, vale decir, por cantidad de leche ordeñada; las cocineras ganaban un sueldo mensual, y muchas de las que fueron “obligadas” se les retribuyó este trabajo con casa y comida” (X. Valdés, 1995:103). Los inquilinos estables pudieron combinar su jornada con la producción propia de los retazos delegados, los peones, apegados y las mujeres no tuvieron acceso a la tierra. Al entrar la hacienda en crisis a mediados del siglo XX, la mecanización de las funciones de la lechería y la proletarización del trabajo, muchas mujeres fueron apartadas de los fundos. La falta de faenas también hizo indispensable la cocina para los inquilinos y peones por lo que esta función asignada a las mujeres también se vio en derrumbe.

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Luego del golpe militar, la administración enfoca sus directrices en la especialización de los cultivos para la exportación y son las mujeres las que comienzan a ganar espacio en los trabajos temporales de la fruticultura, el campo se colma de mujeres que comienzan a ganar independencia al tener sus propios ingresos y no depende ya del hombre, aunque “la segregación laboral se expresa en el hecho de que sólo los hombres acceden a puestos de trabajo estable, a tareas de control y vigilancia y a ocupaciones calificadas. Las mujeres, por el contrario, ocupan puestos de trabajo temporales al igual que muchos hombres, pero sólo puestos de trabajo especializados y realizan tareas de tipo manual mientras los hombres, incluso dentro de los trabajos temporales, acceden a trabajos más calificados” (X. Valdés, 1995:107). El trabajo femenino no pudo estabilizarse siempre fue temporal y precario, lo que incluso en la antigua hacienda fue una virtud, como entregar a labores periódicas a las mujeres, no lo pudo lograr la empresa agrícola moderna con sus ciclos, aunque si la mujer en este sistema es beneficiaria directa de su remuneración y no laboraba como “aporte” del grupo familiar al hacendado, bajo la dependencia del hombre. “Desde el punto de vista histórico, la actual organización del trabajo en la empresa, evidencia continuidades respecto del pasado, razón por la cual la modernización agraria muestra una cara femenina y otra masculina, al reeditarse patrones tradicionales en la división sexual del trabajo” (X. Valdés, 1995:113).

INCENDIOS FORESTALES EN LA PROVINCIA CORDILLERA

Los incendios forestales parecen desaparecer del debate público en épocas invernales, el año pasado tuvimos este tipo de desastres manifestados con vehemencia en las comunas de Pirque y San José de Maipo en periodo estival, se decretaron alertas rojas por parte de los servicios públicos encargados de las emergencias, esto para poder movilizar múltiples recursos y hacer frente a estos peligrosos acontecimientos.

En la Región Metropolitana los incendios forestales han tendido a concentrarse en las comunas más cercanas a la Cordillera de la Costa que a la Cordillera de los Andes, así podríamos presumir que los sectores precordilleranos andinos cuentan con una mayor regulación de las temperaturas del verano por efecto de las montañas, las reservas hídricas y su patrimonio natural, pero esta hipótesis tambalea al considerar que la primera causa de los incendios forestales son de responsabilidad humana más que de factores climatológicos. La Provincia Cordillera cuenta con las mayores y diversas reservas naturales de Santiago, por lo que la prevención y preparación para el enfrentamiento de los incendios forestales requiere una atención permanente y prioritaria para conservar las reservas ecológicas nativas, como también mantener el equilibrio medioambiental de la región y proteger los particulares ecosistemas naturales presentes.

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El organismo público que se ha encargado del proceso de prevención, emergencia y reparación de los incendios forestales ha sido principalmente CONAF, aunque actualmente la ONEMI ha tomado mayor protagonismo sobre todo en lo que respecta a la coordinación de las iniciativas de combate del fuego. Con todo, los bosques se ven más expuestos a los incendios en verano por existir condiciones más favorables para la propagación de las llamas, también existe una mayor concurrencia de turistas y visitantes a sectores de camping que abundan en la Provincia Cordillera por lo cual la probabilidad de iniciación de un incendio forestal aumenta considerablemente por presencia de las personas que disfrutan el contacto con la naturaleza.

La Provincia Cordillera al destacarse como un territorio de prioridad ecológica para la Región Metropolitana ha de poder diagnosticar el nivel de vulnerabilidad de su población y patrimonio natural, para esto debe arbitrar las medidas necesarias para la prevención, mitigación, combate y recuperación de las condiciones socioeconómicas de las localidades afectadas por incendios forestales. De la misma forma debe tomar las decisiones para afrontar los riesgos que emanan de sus características territoriales que conservan la mayoría de especies endémicas de la región.

El conocimiento sobre la ubicación de los recursos hídricos que se despliegan en la Provincia Cordillera debe propender a su socialización para que exista una mejor planificación desde las comunidades. Por ejemplo, en Pirque el canal La Sirena que se construyó el año 1834, distribuye agua a lo largo y ancho de toda la comuna, por lo que generar procesos de contención y mitigación de los incendios forestales que involucren esta red hidrográfica puede beneficiar mucho el combate del fuego. San José de Maipo es una comuna que se “encajona” por efecto de la bajada del rio Maipo, sus localidades se van ubicando cercanas a este río por no existir grandes planicies entre los terrenos montañosos, la fabricación de cortafuegos que protejan a la población de eventuales incendios forestales es necesario, idealmente los cortafuegos deben remitir a un plan consensuado de prevención y de planificación territorial.

La comuna de Puente Alto se encuentra entre las comunas de rango prioritario en la protección de incendios ya que es un territorio de frecuentes episodios de fuego según estudios de CONAF. La Gobernación Provincial Cordillera y la Intendencia Metropolitana deben gestionar este tipo de desastres con antelación a las épocas estivales, velar por la protección ecológica-ambiental de la provincia y considerar las experiencias y conocimientos de los pobladores locales, brigadas de incendios, guardaparques, arrieros y antiguos campesinos quienes han vivido pretéritamente estos desastres socionaturales.

El llamado es tratar a los incendios forestales como una de las principales amenazas que sufre la Provincia Cordillera a su patrimonio natural, el cual permite vivir en un clima privilegiado y visitar sus parques durante todo el año. Se hace urgente levantar planes educativos sobre los riesgos que debemos evitar para generar incendios forestales, focalizar la realización de planes de mitigación de acuerdo a las características de la comunidad y el territorio en las comunas de Puente Alto, Pirque y San José de Maipo.

Las organizaciones comunitarias y las agencias estatales tienen que trabajar mancomunadamente para levantar la temática de los desastres socionaturales, y en específico respecto a los incendios forestales, ya que de ganar esta lucha la catástrofe se verá mermado el mayor patrimonio de la Provincia Cordillera, su naturaleza.

Fuente: Identidades del Maipo.

Lugares y no lugares

En la realidad concreta del mundo de hoy, los lugares y los espacios, los lugares y los no lugares se entrelazan, se interpenetran. La posibilidad del no lugar no está nunca ausente de cualquier lugar que sea. El retorno al lugar es el recurso de aquel que frecuenta los no lugares… Lugares y no lugares se oponen (o se atraen) como las palabras y los conceptos que permiten describirlas (Augé, 2008: 110).

Un día, quizá, vendrá un signo de otro planeta. Y, por efecto de solidaridad…, el conjunto del espacio terrestre se convertirá en un lugar. Ser terrestre significará algo. Mientras esperamos que esto ocurra, no es seguro que basten las amenazas que pesan sobre el entorno. En el anonimato del no lugar es donde se experimenta solitariamente la comunidad de los destinos humanos (Augé, 2008: 122).

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ENTIERROS Y TESOROS OCULTOS.

Las rocas del Padre y en general en el sector de San Juan se dice que hay muchos tesoros subterráneos, en los cerros y en la gran Roca del balneario, esto se atribuye a que los jesuitas estuvieron habitando San Juan de Pirque hasta el año 1767 y se sabe que tuvieron mucho poder y riquezas, la misma razón por la que fueron expulsados, se atribuye que  la  aparición  del  cura  sobre  la  roca  es  el  diablo.  Los  jesuitas  también  fueron considerados unos curas despiadados, capaces de asesinar por mantener sus secretos a salvo.

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Don Gabriel Osses se encontró una vez con un abuelo delgado que le mostró mucho oro en sus manos, no le dio ninguna moneda, pero si las indicaciones de donde había una mina de oro. Don Gabriel no quiso ir solo en busca del tesoro y bajo del cerro a buscar compañía, subió con un amigo, pero no pudieron encontrar la mina. El Chayo dice que tendría que haber ido solo, porque esas apariciones deben tener esa condición. “Me dio julepe. Es que resulta que… Es que el caballero me dijo: “se va abrir la puerta, pero va a salir una serpiente muy grande, pero no le va a hacer ninguna cosa a usted, nada, a usted lo va a dejar entrar, es suya”.

Numerosos  son  los  relatos  sobre  entierros  de  oro  o  plata  en  las  tierras  de  la Hacienda de Pirque, estas antiquísimas historias se atribuyen a los indígenas y patrones que al no existir depósitos en los que se custodiaran los valores y cargamentos de metales preciosos los enterraban ocultos en distintos lugares de Pirque. “Alguien se encontró un entierro ahí en Santa Rita de coronas españolas, no lo conozco na, pero se comentó mucho, se fue de aquí con toda la familia, nadie supo pa´ donde se fue”. Si bien Don José Rubio supo de otras experiencias de personas que habían encontrado entierros, él tuvo una personal en la cual también se le aparece un anciano enfermo y pobre que le dijo, “le vengo a hacer un regalo a Ud. “Quiero que Ud. Lo sepa no más”, a Don José este caballero le causó mucha extrañeza ya que no lo conocía y pensaba que podría ser una sorpresa de su tío ya que le había pedido una escopeta de regalo para cazar. En cambio, el abuelo le dijo, “yo estoy harto enfermo me queda poca vida y yo esto tengo que entregarlo porque no puedo quedármelo porque si llego a fallecer me va a costar mucho”, el anciano le hizo un mapa del Llano donde le ubicó un espacio cerca de las bodegas del fundo, donde él le indicó que había un entierro de seis cargas de plata. Don José se dio cuenta, con las lluvias que se dejaron caer, que efectivamente se había hundido el terreno donde el misterioso anciano le había dado las referencias del entierro, eso sí, Don José desconfió mucho de la entrega de este entierro, porque como iba a ser todo tan bueno. Por miedo y además porque después se comentó que para acceder al entierro debía matar a una persona y dejarla enterrada en ese lugar., detrás de estos enterramientos siempre está la muerte y el maligno. Don José también nos dice que él sabía que su propio abuelo tenía la plata enterrada ya que se perdía tardes enteras en los potreros y después lo llevaba a realizar las compras a Puente Alto. A la muerte de su abuelo el mismísimo párroco de Pirque le pidió al anciano que le confesara el lugar del entierro, Manuel tiene que decir todos tus pecados, todas tus cosas porque vos te vas a morir, mira Manuel nosotros sabemos que tú tienes la plata enterrá ¿Adónde la dejaste?”. Don José sentencia los relatos de los entierros diciendo, “Aquí hubieron muchos entierros, plata, coronas españolas, y a lo mejor hasta oro, a veces nosotros nos comentaban fíjese que en tal parte sacaron el entierro, allá íbamos a ver y era cierto. Aquí frente en el colegio de aquí de El Llano, frente que hay una viñita allá arriba, ahí había un entierro, lo sacaron po y varios po”, un entierro a más de quince metros de profundidad que fue una extracción legal, da por cierto los rumores de los tesoros escondidos.

PERRO NEGRO, RELATO HABLADO, RESCATADO POR CECILIA SANDANA GONZÁLEZ.

Esta historia ocurre durante la primera mitad del siglo XX, en San Juan de Pirque. Bellos paisajes, infinidad de árboles, un sinnúmero de matices verde-cafés. Otoño, las pisadas sonaban como galletas crujientes bajo las ojotas campesinas. La acequia ponía la música junto al cántico de los grillos que alegraba por la tarde el fundo. Nadie hablaba, todo eran gestos cuando llegó el Manuel. Eran las como seis de la tarde, ya nadie lo esperaba, se había atrasado en salir de San José en el trencito. Llegó con sus pilchas en un saco papero y con el sombrero en la mano se presentó ante el capataz. Le dijo que era el hombre a quien Luchito, el viejo que hace carbón, le había recomendado para cuidar, regar los arbolitos y barrer las hojas. El capataz lo miró de pies a cabeza, lo encontró harto joven, pero en fin, necesitaba a un cuidador soltero porque así lo quería la señora. Hacía una semana el cuidador de toda la vida había fallecido de puro viejito.

El capataz le indicó que lo siguiera por una inmensa alameda. Manuel miraba los coloridos y quedó sorprendido cuando a lo lejos vio la casa patronal. Nunca había visto casa similar, como un castillo. Preguntó cómo se llamaban los patrones, y el hombrón le respondió que sólo estaban la señora Matilde y sus tres hijos, porque el caballero hacía cinco años que había muerto. Y dijo que en esta casa no se hacían preguntas, sólo se obedecía. Pasaron por un costado de la casa y más allá se veía una construcción pequeña, hecha de piedra laja, con una puerta negra cerrada con un candado enmohecido. Tenía sólo una ventana, con barrotes, donde las arañas creaban sus dibujos de tela. Justo al lado de esta construcción había una pequeña casita de madera con un tubo de salamandra en el techo. El capataz le dijo:

-Esta es tu pieza. Y ya te dije que aquí na’ de hacer preguntas. A la señora y los señoritos se les saluda sacándose el sombrero. Si hacís bien la pega podís estar años acá. Vai a tener días libres, pero antes de las siete de la tarde tenís que estar de vuelta. Na’ de llegar borracho, ni menos traer mujeres, y lo más importante, es que todas las noches cuando suene la campana de la señora, a eso de las ocho, tenís que venirte pa’ tu rancho, cerrar la puerta y no salir hasta el otro día. ¿Me escuchaste bien?
-Sí patroncito, pero en la noche…, a mí me dijeron que aquí penaban.
-Cállate y acuéstate será mejor.

El capataz cerró la puerta y se marchó. Manuel se tendió sobre la cama. “Mientras me paguen está todo bien”, se dijo, pero no se le borraba de la mente lo que el carbonero le había contado, que por ese fundo andaba un alma en pena y que nadie se acercaba por ahí. De tanto cavilar, se quedó dormido. Hasta que escuchó aullar a un perro. Buscó unas cerillas y encendió un cabo de vela que estaba sobre la salamandra. Se persignó, acercándose a la ventana, mientras los aullidos se hacían más fuertes. Vio cómo en la casa patronal se apagaban todas las luces. Miró hacia la construcción de piedra alumbrada por la luna y vio que a través de los barrotes de la ventana salía un enorme perro negro. Tenía el hocico baboso y la lengua afuera. De su cuello arrastraba una cadena brillante que sonaba tan fuerte que Manuel tuvo que taparse las orejas. De susto se le caían las lágrimas, no entendía cómo el perro pudo salir por entre los barrotes. Sus ladridos eran de sufrimiento, de otro mundo. Se lo escuchó dar vueltas por la casa grande, y después se fue a recorrer los potreros y los corrales, mientras su ladrido se continuaba escuchando. El nuevo inquilino no sabía qué hacer, y así con ropa se metió entremedio de las frazadas, rezando. No podía dormir, porque el perro se acercaba y se alejaba. En un momento estuvo frente a su puerta y ladró tres veces. Manuel sólo imploraba, hasta dejar de tomar le juró a la Virgen del Carmen si esto terminaba. Lentamente comenzó a aclarar y el perro volvió a aullar. Con la sonajera de la cadena se metió en la casa de piedra. Manuel no había pegado un ojo, así es que apenas sintió a los demás inquilinos se asomó a la ventana, se puso el sombrero y de reojo miró la casa de piedra. Vio que en la ventana estaban las mismas telas de araña del día anterior. Partió a la cocina de los trabajadores, allí saludó mientras todos murmuraban y reían. Agarró su tacho y la tortilla y se sentó en un piso al lado de un abuelo desdentado que desayunaba solo. Se miraron a los ojos y el anciano le dijo:
-Mijito, ¿le dio mucho miedo anoche?
-Mire, yo lo único que sé es que ahora mismo tomo mis cuatro tiras y me voy. Anoche anduvo el diablo aquí, y hasta me fue a ladrar a la puerta…
-Mire mijo, yo llevo aquí cincuenta años, y el patrón no era malo, lo que pasó fue que siempre quiso tener más y la avaricia lo llevó a ser todas esas cosas…
-¿Pero de qué me está hablando? Si era un perro el que andaba anoche…
-Es que ese es el patrón. Quería más tierras, más plata, dejar asegurada a su familia, así que hizo pacto con el cachúo y el plazo se le cumplió. Y cuando Don Sata lo vino a buscar el futre no se quería ir. Trajo a un cura pa’ que lo expulsara, pero la santiguá le sirvió a medias porque igual lo agarró y lo encerró en la casa de piedra. Lo convirtió en perro y lo deja salir a sus campos todas las noches, porque pareciera que así sufre más. Su esposa y sus hijos lo saben, por eso aquí nadie los visita, a todos les da miedo, si ni los ladrones se atreven.

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Manuel se paró, fue a la pieza, agarró el saco papero y salió por la triste alameda de San Juan de Pirque.

Medio de difusión creado para lograr un mayor conocimiento y reconocimiento por parte de la población de las alteridades culturales de la provincia cordillera, sus memorias, sentidos e identidades, esto a través de diversas publicaciones relacionadas con investigaciones antropológicas, históricas y literarias de sitios patrimoniales que contengan un significado relevante para los pobladores.